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Las fallas y violaciones de la “justicia mexicana” en la guerra

28 July, 2010

De eso trata este triste pero buen y extenso artículo de la Associated Press sobre la guerra contra el crimen organizado de Calderón y sus efectos letales en la justicia mexicana. Ni siquiera el nuevo sistema penal puede con él, y otra vez,  tenemos que voltear a ver a los medios extranjeros para que las fallas de esta guerra mal implementada y ponderada (osae, que no se pensó bien, pues) tengan impacto al leerlos. No es que los medios nacionales escondan algo, pero muchas veces ni la revista Proceso logra efectivamente a expresar que tan mal se libra esta guerra.

¿Se acuerdan de los 3 que arrestaron por ser supuestamente los culpables de lanzar las granadas en Morelia durante las festividades del 15 de septiembre del 2008? AP detalla la historia de cómo fueron secuestrados en diferentes partes de Michoacán, torturados hasta que “confesaran” que ellos fueron los culpables del ataque:

Pero por lo menos 16 personas dicen que los 3 hombres ni se encontraban ahí.

Los testigos — vecinos, familiar, dueños de bares, meseras, el dueño de una tienda de la esquina y un doctor – le dijeron a las autoridades que ellos vieron a los 3 hombres esa noche en Lázaro Cárdenas, a más de 300 millas de la plaza colonia de Morelia donde ocurrieron los ataques, de acuerdo a entrevistas y declaraciones obtenidas por la AP.

Esto es algo que lo medios mexicanos como periódicos locales o televisoras, rara vez hacen. Preguntar. Pero continuando con la historia:

La vecina Gloria Ortiz y su hija, Selene, le dijeron a la AP que ellos cenaron con uno de los hombres en su pequeña sala. Juan Carlos Castro, un mecánico que ama cocinar, los invitó a su casa para comer de su platillo preferido – pata de puerco en salsa verde – y hablaron sobre la fiesta de quince años de Selene, para la cual Castro se ofreció hacer el catering.

Edith Franco, una médica de Lázaro Cárdenas, dio un testimonio bajo palabra de que ella cenó tacos con Julio César Mondragón en el restaurante de su madre aquella noche.

Tres días después, a la esposa de Castro, Esperanza Fajardo, le dijeron que unos sicarios se lo habían llevado en un coche. Ella reportó el secuestro ante la policía.  

Tres días después de eso, Mondragón fue secuestrado mientras que lavaba su carro afuera de su casa. Su esposa dijo que ella escuchó a su esposo pedir ayuda a gritos, pero para cuando ella corrió a la ventana, él ya había desaparecido.

La novia de Alfredo Rosas dice que él fue secuestrado de una manera similar dos días después.

Las 3 mujeres sólo volvieron a ver a los 3 hombres cuando fueron desfilados por la policía federal en frente de las cámaras de televisión en la Ciudad de México, quien los identificaron como terroristas y miembros del cártel de los Zetas.

Castro se encontraba en mal estado, cortado y apuñalado. La cara de Mondragón era puro azul y negro. Alfredo Rosas, quien traía una bata de hospital, tenía cinco costillas quebradas y un ojo negro.

“En ese momento, uno llora, uno grita. Se siente impotente” dice Fajardo. “Me dije, ‘¿Cómo es posible que ellos lo acusen de algo que no hizo?”

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